El ocio :
Bertrand Russell, filósofo británico, en su ensayo Elogio de la Pereza (1935) decía que una jornada de 4 horas haría al hombre más amable, la vida sería lenta, dulce y civilizada.
Los trabajos manuales como la jardinería, el tejido, el dibujo o la decoración son la expresión del Movimiento Slow. Sin embargo, la mayoría de la gente enciende el televisor en su tiempo libre y llena su espacio de ocio. La televisión no da tiempo para hacer una pausa o reflexionar, todo se sucede rápido.
De este modo, las cosas que hacen la vida placentera como cocinar, hacer ejercicio, escuchar música, charlar, escucharse, mirarse o compartir tiempo cuentan con menos tiempo.
La música tranquila brinda ese espacio para relajarse y disfrutar. Hay un grupo creciente de músicos que considera que la música clásica se toca demasiado rápido. Pertenecen al Movimiento Tempo Giusto, cuya misión es intentar que las obras toquen más lentamente.
En la iglesia San Buchardi de un pueblo alemán se lleva a cabo un concierto escrito por John Cage en 1992 que comenzó a tocarse en 2001 y finalizará en 2640. El título de este concierto es “As Slow As Possible” y durará 639 años. El órgano que emite las notas tiene unas pesas adheridas al teclado para mantenerlas mucho después que el organista las haya tocado, entonces el sonido reverbera en la iglesia por meses hasta que el próximo organista toca la siguiente nota musical. La motivación es desafiar a la velocidad del mundo actual con algo placentero y muy duradero.
Los chicos y la lentitud :
Los chicos no nacen obsesionados por la velocidad ni el consumismo, sino que somos los adultos los que lo llevamos a eso. La sociedad les dice que ir más rápido es mejor.
El autor del libro describe una situación que le sucedió: viendo un anuncio de un programa de lenguas extranjeras para chicos de la BBC que decía “¡Hablá francés a los 3 años y español a los 7… si esperás será demasiado tarde!”, tuvo un primer impulso de llamar y su segundo impulso fue sentirse culpable por el primero.
En muchos colegios del mundo la competitividad es enorme, lo que importa es ser el primero de la clase y tener el rendimiento más alto en los exámenes. Esto se da especialmente en el modelo de Japón, seguido por Estados Unidos e Inglaterra. Se aumenta la presión con más exámenes, más tarea para la casa, un programa de estudio rígido… incluso antes de la escuela primaria.
A la exigencia escolar se suman las actividades extraescolares, entonces los chicos no tienen tiempo para la lentitud, relajarse, jugar o desarrollar la imaginación... no tienen tiempo para aburrirse, palabra que hoy parece “mala palabra”.
El estilo de vida apresurado y bajo presión hace que muchos chicos chiquitos tengan dolores de panza, cabeza, estrés, insomnio, depresión, problemas de conducta.
En las investigaciones cada vez se demuestra más que los niños aprenden mejor a un ritmo más lento, menos estricto y apresurado, más relajados y con más tiempo.
En 2002 se creó el Movimiento Slow Schooling, que promueve que es mejor estudiar a un ritmo lento, tomarse el tiempo para conocer el tema profundamente, aprender a pensar y no a aprobar exámenes… se les brinda a los chicos la posibilidad de enamorarse del aprendizaje.
Respecto a las actividades extraescolares, muchas veces son los mismos chicos quienes solicitan aminorar la marcha. El juego desestructurado es importantísimo porque ayuda a los chicos a desarrollar su habilidad de aprendizaje, no implica trabajo, planificación, horarios ni objetivos. Se trata de apagar la computadora o televisor y jugar con sus juguetes, dibujar, jugar en el patio, mirar por la ventana, buscar bichitos en el jardín. Es explorar el mundo a un ritmo propio y no es pérdida de tiempo… da el tiempo y el espacio para crear e imaginar. Los adultos somos quienes tenemos la necesidad de llenar estos espacios de vacío de los chicos con actividades, entretenimientos, abrumarlos por miedo al temido aburrimiento.
La televisión y computadora no brindan ese espacio para divagar e imaginar, aceleran a los chicos y los convierte en consumidores tempranos. La extrema velocidad de las imágenes y sonidos de la pantalla ejerce un efecto en el cerebro infantil. Muchas veces se la culpa de los trastornos por déficit de atención, se sabe que hay dibujitos que pueden generar trastornos como la epilepsia infantil benigna y programas violentos que pueden generar que los chicos estén más inquietos y sean incapaces de mantenerse sentados y concentrados por un tiempo.
En los hogares en donde se limita el horario de ver televisión, especialmente al compartir un tiempo en familia como la cena, la vida se vuelve menos frenética y apresurada.
Liberar a los chicos del culto a la velocidad en un futuro significa más libertad y fluidez en la educación, tomar el aprendizaje como placer, tener menos obsesión por aprovechar el tiempo al máximo. Los padres pueden colaborar mucho estableciendo el ejemplo de la lentitud en su propia vida y sabiendo que merece la pena hacerlo.
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